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Sólo el Oso contó los siete años que pasaron
desde que fue sentenciado a prisión por homicidio y robo a
mano armada. Hombre reservado, impredecible, violento por naturaleza,
... y por necesidad. En estos años ni una palabra pronunció
sobre lo que tiene escondido en su silencioso y triste ensamble.
Alicia, su hija, cumplía un año el día del asalto
y Natalia, su mujer, quizás nunca lo haya perdonado.
Al salir bajo palabra, Oso piensa que es un buen momento para un nuevo
comienzo.
El Turco todavía le debe su tajada del robo que lo puso tras
las rejas.
Gracias a un ex - compañero de celda, consigue un empleo limpio
en la agencia de remises de Guemes.
El panorama de Oso no es alentador, Natalia, vive ahora con Sergio,
y Alicia apenas lo recuerda, pero Oso está dispuesto a recuperarlas,
ó al menos a reparar los daños.
De a poco se acerca a Alicia, la lleva al colegio, ó a comer,
y Natalia, a pesar de estar en deuda con Sergio, no ha conseguido
olvidarlo.
Oso, hace lo que puede para superar su torpeza y sus arranques incontenibles
de violencia: un osito a pilas y un libro de cuentos para Alicia.
Lo único que quiere es ayudarlas, pero nada es fácil
en la ciudad que ve desde el remis. Tampoco en casa de Natalia, las
cuentas no cierran a fin de mes, Sergio no encuentra trabajo y se
endeuda en las carreras, tratando de salvarse.
El futuro de Alicia está en juego y Oso cree que ha llegado
el momento de hacerse cargo.
El Turco lo tienta con un nuevo golpe seguro, Guemes trata de disuadirlo,
y otra vez, la única salida para Oso está fuera de la
ley. En resumen "Toda la plata es afanada" y "Hay que
cuidar a la gente". Esto resume lo que ha aprendido Oso en los
últimos años, tanto dentro como fuera de la cárcel.
Como un western desencantado y urbano, Un Oso Rojo imagina el destino
de un justiciero marginal en la crudeza real de un suburbio de Buenos
Aires, en donde el remis es el caballo, el Bar del Turco el Saloon,
y la sonrisa de Alicia, su única recompensa. |
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