HaciendoCine.com.ar / por Hernán Guerschuny & Pablo Udenio.

"Miss Independencia "
EL NOMBRE REPETIDO DETRÁS DE LAS PELICULAS INDEPENDIENTES EXITOSAS ES UNO SOLO:
LITA STANTIC.
LA PRODUCTORA QUE SUPO FORMAR UNA EFICAZ SOCIEDAD CON MARIA LUISA BEMBERG
(QUE LAS LLEVO A COMPETIR POR UN OSCAR), SE DEDICO EN LOS ULTIMOS TIEMPOS A DESCUBRIR E INSTALAR JOVENES TALENTOS: TRAPERO, CAETANO, MARTEL... EN ESTA PROFUNDA CHARLA CON HC LITA REVELA, ENTRE OTRAS COSAS, QUIENES SON LOS QUE SIGUEN.
Cuando entrevistamos a Pablo Bossi –director de Patagonik Film Group-, dijo que creía que vos eras más capaz que él para producir una película como La ciénaga. ¿Vos te considerás capaz de producir el tipo de películas que él produce?
- No es un problema capacidad, sino de interés. A mí me interesa un cierto tipo de producto que la mayoría de las veces no está relacionado con lo comercial. A veces me encantaría que sea comercial. Cuando se dan las dos cosas -una película que uno la hace por pasión y además es comercial-, es lo que más me halaga. Pero fundamentalmente no me preocupa lo comercial de la película cuando elijo un guión y un director.

¿Qué aspecto de la producción es el fundamental en el caso de las "películas de calidad", por llamarlas de algún modo?
- Yo creo que hay una parte muy importante en la produccón de una película que es el lanzamiento. Y lo que me preocupa es cómo hacer enterar a una mayor cantidad de gente que esa película puede gustarle. Instalar la película es fundamental. Que La Ciénaga lleve 130 mil espectadores se debe en gran parte al hecho de que tuvo un lanzamiento inteligente. Uno siempre trata de pensar bien la promoción, pero hay ciertas películas que me halagron especialmente en ese sentido: una es La ciénaga, y la otra es la primera película de María Luisa Bemberg, Momento, que es lo más delirante e interesante que me tocó hacer.

¿Por qué?
- Hicimos una promoción muy fuerte durante muchos meses. Llegamos a inundar los taxis de Buenos Aires con calcomonías, pero lo hicimos de una manera tal que todos los taxis de la ciudad tenían una calcomonía que decía Momento. Después mucha gente quizo usar ese método, pero nosotros teníamos un ejército de personas que entraban en los taxis, convencían al taxista y pegaban la calcomonía del lado de adentro del auto. Fue impresionante: todo el periodismo comentaba esa calcomonía. Momento era la primera película de María Luisa, había una cierta desconfianza de una directora que sólo había hecho dos cortos, que venía de la clase alta, que se había dedicado al cine ya de grande... y Momento funcionó muy bien, porque estaba muy bien instalada. En todas las películas uno trata de pensar en la imagen que tiene que vender, de qué manera instalarla, pensar en cosas nuevas y de perseguir lo más importante: que se hable mucho de la película.Desde la época de las películas de María Luisa Bemberg hasta ahora, el cine cambió mucho.

¿Cuáles dirías que son las diferencias más importantes?
- La principal diferencia tiene que ver con esta nueva generación, cuyos directores niegan que exista, porque dicen que hacen productos muy diferentes. Pero yo creo que sí la hay y hacía muchos años que no había una nueva generación de cine. Fundamentalmente se da por la cantidad de alumnos que van a las escuelas de cine, y creo que eso se debe a la situación que vivió el país en los noventa. En mi época estudiar cine, letras o filosofía, era una locura, porque había futuro en un montón de carreras menos en esas. Ahora, como no hay futuro con ninguna, hay muchos chicos que se meten en cine porque es lo mismo que estudiar medicina. Veremos qué pasa a partir de ahora.

¿Cómo fue producir una película con el corralito?

Fue la experiencia más terrible que me tocó vivir. Fue muy degastador, los problemas parecían casi irresolubles. No había efectivo con lo cual se hizo muy dificil producir. Fue muy duro hacer El oso rojo bajo esas circuntancias.

En esta nueva generación de cine argentino hay cada vez más gente, cada vez más postulantes a que Lita Stantic produzca sus trabajos, ¿qué características dirías que tienen los proyectos en los que vos ponés tu atención?
Es una alianza entre el guión y los antecedentes del director –que por lo general es algún cortometraje- que me resulten interesantes. Quizás cuando era muy joven adhería a un cine político, a un cine que dijera muchas cosas... Me interesa que haya una conexión con lo humano en las películas, pero es muy amplio el espectro. Yo empecé con Pablo Reyero en Dársena sur, después seguí con La ciénaga, en el medio apareció Pablo Trapero con Mundo grúa, y ahora estoy con Adrián Caetano en El oso rojo. Estos cuatro directores son diferentes, pero es importante engancharme con un guión que me gusta y con un director que puede realizarlo. Son estos todos proyectos muy personales. Me interesa saber cómo te manejás con el ego de cada uno de los directores, siendo que también está en juego tu propio ego. Nunca creo que estoy haciendo mi película, sino la del director. Si entro alguna vez -¡y he entrado!- en el debate sobre alguna secuencia que me parece mejor que no estuviera en la película o en la preproduccón sobre la elección del actor, lo pienso siempre en relación al proyecto. La película no tiene que tener mi sello sino el sello del director, que es el verdadero autor de la película. Yo creo que aporto una otra perspectiva para alertar sobre ciertas cosas. A veces triunfa mi postura y a veces no. Pero nunca pienso que es mi película.

Sin embargo, vos sabés que tu sello existe. Pablo Bossi decía en aquella nota que ese sello era una ventaja que vos tenías, ya que por ejemplo la prensa está mejor predispuesta ante una película de Lita que a una de otros productores. ¿Sentís que la crítica te quiere?
Creo que son las películas las que van haciendo el camino. Pero es evidente que yo me involucro en películas que van a terminar siendo películas de calidad, entonces la prensa ya lo sabe. Lo mismo pasa con un distribuidor que trae cine de calidad.

Un muro de silencio fue una muy buena película, ¿por qué nunca volviste a dirigir? ¿No te dan ganas de ponerte detrás de la cámara?
No, y a medida que pasa el tiempo tengo menos ganas de dirigir. Me gustaría dirigir produciéndome a mi misma y no me dan las fuerzas para ver la película de adentro y desde cierta perspectiva. Desistí de seguir dirigiendo porque con mi película sufrí demasiado. Ya se sufre bastante producirle a otro como para duplicar el sufrimiento. Lo que tiene la producción es que uno puede ver las cosas un poco entre bambalinas y hay como un alivio a la angustia de ver cómo se va concretando la obra. Yo por lo general estoy muy involucrada en la preproduccón y en la postproducción y en el rodaje depende del director: con Lucrecia estuve mucho y con Adrián casi nada. Pero en la filmación trato de ver todo con la mayor frialdad.

¿Cómo recordás tus tiempos con María Luisa Bemberg?
Estuve 12 años con ella. Nos llevamos bien, ella era muy respetuosa de los roles. Los recuerdo muy bien, fue una experiencia tranquila, mucho más tranquila que las experiencias posteriores con los jóvenes.
Es notable la trascendencia que tuvieron como sociedad de productora y directora mujeres (incluso tuvieron una nominación al Oscar) en el entorno machista en que se vivía.
Lo que fue interesante es que fueron 12 años en los que produjimos 5 películas de ella, un documental (Fútbol argentino), una coproducción con Canadá (El verano del potro) y 5 servicios de producción. Lo que para mí fue bárbaro de GEA es que haciendo cine de calidad nos podíamos mantener bien, lo cual es difícil en Argentina. Ninguna película de ella buscaba el éxito fácil, sin embargo Camila tuvo un suceso impresionante y terminamos haciendo Miss Mary con dinero americano y Yo, la peor de todas con dinero francés.

¿Cómo te sentís respecto al Oscar hoy después de la nominación de Camila? ¿Es una referencia en tu trabajo actualmente? ¿Estás esperando una revancha?
- Yo creo que quien te diga que no le importa el Oscar, está mientiendo. Es el máximo referente porque significa un montón de dinero y uno necesita recuperar dinero para seguir produciendo. El Oscar es lo más promocionado que hay y significa que tu película se va a vender en todo el mundo. Me parece muy bien que haya entrado El hijo de la novia, porque creo que es un aviso más para que el gobierno repare en lo importante que es el cine argentino.

¿Tomarías la dirección del Instituto?
- Definitivamente no. No tengo capacidad política, creo que al mes tendr¡a que renunciar. No tengo esa habilidad como para tratar de congeniar con todos los intereses de la industria, sin estallar en algún momento.

¿Qué tiene que hacer el director del Incaa cuando asuma?
- El director del Incaa tendría que pelear para que los recursos del INCAA sean administrados por el INCAA y para que realmente se atienda a todo el espectro del cine. Creo que el cine artístico debería tener más apoyo que el cine comercial. Pero fundamentalmente en este momento tendría que pelear para que no haya más recortes y que sepa cómo distribuirlo. El problema de este país es cómo se distribuyen las cosas.

¿Imaginás un cine argentino sin Instituto de Cine?
- Sin un apoyo estatal –como es en cualquier parte del mundo- es imposible hacer cine.

¿A qué te dedicarías si no existiera más el cine?
- Estudié letras y me dedicaría a la literatura. Pero a esta altura de mi vida, ya no sé.

¿Por qué sos el referente del cine argentino de los últimos años?

- Creo que tienen que ver con, primero, tener un buen ojo para elegir y segundo, con una forma de involucrarse. ¿Por qué soy un referente? Creo que como productora soy lo que tiene que ser un productor: no sólo querer al cine sino también entender algo de cine.

En el caso de las últimas películas, ¿los directores te vinieron a tocar la puerta o vos los llamaste?
- En el caso de La ciénaga, yo llamé a Lucrecia para hacer unos documentales. Yo sabía que ella tenía un libro y le dije que me gustaría leerlo. Cuando lo leí me gustó muchísimo. A Adrián yo lo conozco hace mucho, aún antes que dirigiera Pizza, birra, faso. El me trajo un libro que era lo último que estaba haciendo que se llamaba "Estados Unidos". Lo leí y le dije "bueno, le falta mucho trabajo". Ahí me recordaron que hacía un año Adrián me había traido otro guión que se llamaba "El oso rojo", que me había gustado pero lo había dejado ahí porque estaba con La ciénaga. Entonces le dije "bueno, éste no, pero porqué no ´El oso´?" Ahí volvimos a ver el libro, llamamos a Graciela Esperanza para mejorarlo y ahí empezamos.

¿A qué festivales apuntan con El oso rojo?
- La idea es llegar a Cannes, pero falta poco tiempo; no se si llegaremos. Tuvimos que postergar todo por un problema con el dinero del Instituto.

¿Te gustan los festivales?
- Depende del festival. Por ejemplo, yo la pasé muy mal cuando fui al Oscar con Camila. Esos festivales en que parece que todo se jugara en un minuto, son de una tensión espantosa. Hay que vestirse todos los días y todo es glamour... Pero acabo de volver del festival de Rotterdam que es maravilloso, prque se está en función del cine, de conocer gente. Es muy diferente además cuando voy como jurado que cuando voy a competir; eso me pone demasiado nerviosa.

¿Es cierto que te quedaste disconforme con el premio a mejor ópera prima que se llevó La ciénaga en Berlín, porque aspirabas al premio mayor?
- No, para nada. Como el referente siempre es cómo anda la película en tu país y la película todavía no se había estrenado, lo fundamental de Berlín es que tuvo una prensa infernal que hizo que después la fueran a ver 130 mil personas en nuestro país.

¿Con qué cifras de espectadores vos te quedas conforme, con cuáles es un fracaso y con cuáles es un éxito una película del tipo que producís?

- Depende mucho del momento. En la época que yo produje Camila la entrada te dejaba 30 centavos de dólares y en el momento de La ciénaga, dejaba más de 2 dólares. Mundo grúa hizo 80 mil espectadores y una película así nunca hace más de 10 mil. La ciénaga con 130 mil era la que encabezaba el cine "difícil" en las cifras del año 2001. El oso rojo, por ejemplo, creo que es una película mucho más comercial que La ciénaga.

¿Aspirás a 200 mil espectadores?
- No, aspiro a más. Creo que es más comercial porque cuenta una historia, que es triste, pero es una historia al fin. Hay amor y acción. La ciénaga era una película casi de sensaciones.

¿Hay algún director joven al que le hayas puesto el ojo?
- Bueno, a mí me gustó mucho una película que sabía que no iba a pasar nada, porque era imposible, que fue La libertad de Lisandro Alonso. Me pareció que la película estaba fantásticamente hecha. Pero era superdificil; La ciénaga al lado de La libertad es El señor de los anillos.

¿Adherís a que se lleven a cabo dos festivales de cine en un mes, o o te parece una locura hacerlos en esta situación?
- Me parece totalmente una locura; el Festival de Mar del Plata no tiene razón de ser, aunque se enoje Claudio España. El festival de Buenos Aires me parece que de alguna manera tiene una orientación, que es el cine que en este momento está acá produciendo cosas. Mientras que el de Mar del Plata es un festival de categoría "A" que está muy devaluado, porque se necesita bastante dinero para hacerlo y ahora no están los recursos. Hacer en este momento un festival que tiene que tener un cierto "glamour", no tiene sentido.

Si tuverias la posibilidad de elegir a un director cualquiera para producir su próximo film, ¿a quién llamarías?
- Me cuesta mucho encontrar un director, como antes me pasaba con Bergman o Kurosawa. Ahora creo sólo pasa con Woody Allen e incluso las últimas películas me gustaron menos. También me gusta mucho Wong Kar Wai. Pero no fantaseo con eso; me parece más provocadora la fantasía de encontrar a alguien que hizo sólo un cortito y que de pronto uno pueda decir que descubrió o instaló a esa persona. Lo que más me interesa es bucear, ver cortos, leer muchos guiones y hacer óperas primas o segundas.

Salió un libro editado por la Fipresci (Federación Internacional de Prensa Cinematográfica) sobre el nuevo cine argentino, que plantea que los cuatro realizadores fundamentales son Lucrecia Martel, Adrián Caetano, Pablo Trapero y Martín Rejtman. Este último es el único con el cual nunca trabajaste, ¿te interesa, te gusta su cine?
- Lo respeto mucho; de los cuatro es el que hace un cine que tiene menos que ver con mi interés personal, es el que siento más ajeno. Pero me parece que lo hace muy bien.

¿Qué alternativas te planteás para el difícil año que se viene?
- La única que queda es involucrarse en proyectos que puedan conseguir dinero de afuera. Creo que estos directores que ya están instalados van a poder filmar, pero es grave que los nuevos no van a poder hacer nada. .

© Lita Stantic, 2002, Buenos Aires, Argentina
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