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Marcia
es una chica joven, gorda, que lleva una vida rutinaria y
gris en la ciudad de Buenos Aires. Mao y Lenin son una pareja
de chicas Punk, que tropiezan con Marcia y por algún
motivo inexplicable se empeñan en demostrarle su amor.
Mao se declara caprichosamente enamorada de ella y para que
no le queden dudas al respecto le ofrece una prueba de amor.
"Porque el amor que no tiene explicaciones tiene pruebas,
y las pruebas valen tanto como el amor" le dirá Mao.
A partir de allí, las tres (intrépidas unas,
aturdida la otra) comienzan un viaje que parte desde Buenos
Aires, con un destino y un regreso inciertos, que van postergándose
de manera azarosa.
Este viaje que emprenden resulta cada vez más asombroso,
con múltiples cambios de paisajes, cadencias, fantasías
y mucho humor.
Un recorrido en busca de un lugar imposibles, perpetuo a la
vez, un lugar que todo el tiempo van dejando atrás.
Me interesaba por sobre todas las cosas la situación
de peligro, de ir a lugares de los cuales no se tuviera regreso
y en donde siempre estuviera a punto de caer en escenas "de
abismo".
El desafío era construír un verosímil
muy sólido y creible para poder producir los elementos
argumentales arbitrarios, que eran los que realmente me interesaban.
Mi intención fue la de saucudir al espectador, no dejarlo
indiferente, hacerlo tomar partido.
Yo soy de los que piensan que si alguien sale igual de como
entró a ver una película entonces no valió
la pena. Mi deseo era contar una historia donde sucediesen
muchas cosas, dondo los personajes fueran de carne y hueso,
una historia de soledades, de encuentros y sobre todo de contradicciones,
hacer una exaltación despiadada de la contradicción.
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