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HAMACA PARAGUAYA relata un día de
espera de una pareja de campesinos.
Él, Ramón, un hombre de 65 años, labrador.
Ella, Cándida, una mujer de 60 años, lavandera,
lava las ropas en el arroyo, ambos están sumidos en
la espera del hijo que no llega. El hijo ausente, se encuentra
en el frente de batalla de la guerra del Chaco, ocurrida entre
Paraguay y Bolivia en los años 1932 y 1935. Ésta
guerra termina de manera oficial el día 12 de Junio
de 1935, pero los soldados faltos de noticias, pelean hasta
el día 14, dos días más. La espera de
Cándida y Ramón transcurre durante el día
14 de Junio en un lejano lugar del interior del Paraguay.
Las
grandes esperas del relato, en una primera lectura son la
espera al hijo que no vuelve, la llegada de la lluvia, necesaria
para sus respectivos quehaceres, esperan que pase el calor,
ya que se encuentran en la estación otoñal,
esperan noticias del hijo para calmar la incertidumbre de
la posibilidad de muerte, esperan el silencio de la perra
del hijo, esperan el cese de la guerra y esperan también
un tiempo mejor. Pero la verdadera espera, es la espera
de la palabra.
Esta
película, muestra el desgastamiento emocional de
una pareja a partir de una ausencia imposible de ser olvidada,
la de un hijo, sólo presente en la espera, lo que
lo hace estar presente y ausente al mismo tiempo, ya que
esta pareja cuenta con la imposibilidad de saber, o querer
saber, si el hijo ha muerto o no.
El
conflicto entre la pareja se da a partir de como cada uno
de ellos asume esta espera.
Cándida,
adopta una actitud pesimista, ella cree que el hijo ha muerto,
y no encuentra sentido al acto de esperar, pero tampoco
quiere hablar de la posibilidad de muerte. Es entonces a
partir de este silencio, dado no a partir de lo literal,
sino a partir de aquello de lo que nunca se habla, que Cándida
empieza a quejarse del insistente ladrido de la perra, del
calor, del recuerdo, e incluso, de la espera. Cándida
es una mujer que no podría soportar la muerte de
un hijo, no podría soportar una tristeza de ese tamaño,
por lo tanto omite cada acto que pueda acercarla a la certeza.
Convoca todo el tiempo al olvido y la omisión, que
aparecen a partir de respuestas suspendidas, y un enorme
silencio. Su silencio es la única respuesta, es el
pesado pesimismo, la evasión, para llegar a la calma,
aquella que nunca llega, ya que siempre algún insecto
del lugar, el ladrido de la perra o truenos cada vez mas
fuertes invaden el espacio sonoro. Cándida es una
mujer que busca la sombra, la noche, el sueño, busca
al silencio, habla del clima, de la comida, de la perra,
si ladra, porque ladra, si calla, porque calla. Se propone
una fuerte analogía entre la perra y el hijo. Tanta
ausencia la consume, y traduce toda esta angustia al ladrido
de la perra que el hijo deja casi como herencia. Cándida
es una mujer llena de una tristeza de la que ya no puede
hablar. Ella acredita a su tristeza su posición de
madre, “ella es una madre, y siente al hijo mejor
que nadie” y es por eso que afirma al marido, que
si el hijo no llega, es porque ha muerto. Ramón exige
a Cándida respuestas que muchas veces no llegan,
pero es tanta la exigencia de Ramón, que en varias
oportunidades, y de manera inquieta, Cándida termina
hablando de lo que no quiere.
Ramón tiene una actitud más optimista con
respecto al acto de esperar, él espera la llegada
del hijo, la imagina, la presiente, espera la llegada de
la lluvia, la huele y confía en su hacer de campesino,
cree dominar el clima, la tierra, y con esa autoridad espera
también entonces un tiempo mejor, habla de la angustia,
de la muerte, convoca al recuerdo y busca toda posibilidad
de saber cualquier noticia de la guerra. Ramón es
un hombre que habla, que busca, que llora, que piensa a
su hijo con vida, con sed, con calor, en el frente de batalla,
piensa en el Chaco y a su hijo en medio de él, presenta
sus quejas hacia la guerra y su deseo de que ésta
termine.
Para
Ramón, el horizonte se encuentra delante, para Cándida,
detrás. Las esperanzas de Ramón están
puestas en el presente, y en un futuro mejor, las de Cándida
se pierden en el pasado, en aquel tiempo que siempre fue
mejor.
Estas
posiciones opuestas hacia un mismo acto, el acto de esperar,
provocan un desencuentro en esta pareja, ellos se aman,
pero han perdido a un hijo al que todavía esperan,
y al que ya no saben si seguir esperando. Cándida,
ya no quiere hacerlo, Ramón, no se da por vencido,
pero estos roles, se invierten al final del relato, cada
uno, de manera distinta, recibe algún indicio de
la muerte del hijo, lo que los hace cambiar, con respecto
al otro, de posición. Ninguno de ellos, confiesa
al otro haber recibido ese indicio, una suerte de traición
a partir del silencio se juega en la pareja, y es entonces
a partir de este acto silencioso que los roles se intercambian,
pero Cándida intuye que el marido ha recibido alguna
noticia, la desolación, se dibuja en el rostro de
Ramón, empieza a presentarse como un hombre cansado
y la desesperanza lo va consumiendo de a poco, Cándida
puede percibir todo esto, y es por eso, que ella asume entonces
la calma, el cuidado, la esperanza, la espera.
Cándida
y Ramón son personas que están esperando una
bonanza incierta, que llega al final del relato a partir
del elemento de la lluvia, que no para de anunciarse a partir
de la palabra, de truenos y relámpagos durante toda
la película, pero este elemento llega al final, cuando
el espectador, ya no puede ver a los personajes, gozando
de ella.
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