Juan Carlos Enriquez, “Negro”
(20), vive con su familia (el padre, la madrastra y cinco
medio hermanos) en condiciones de extrema miseria en una casilla
a orillas del arroyo Sarandi, frente a la destilería
de petróleo de YPF. De su padre aprendió mecánica,
y juntos arreglan autos en un galpón rodeado de chatarra,
a sólo 500 metros en bote por el arroyo de la desembocadura
en el Río de la Plata, donde los Enriquez tiene animales
y una huerta (su principal sustento) en una franja de tierra
inundable y afectada por la contaminación. Su padre
nació debajo de una palmera a campo abierto y desde
que empezó a caminar lo empezaron a usar para cuidar
los animales y cirujear. Lo mismo ocurrió con Juan
Carlos.
Juan
Carlos tiene una relación mimética con la
naturaleza y sólo se aleja de la casilla, el taller
mecánico y la quinta para cirujear en un carro en
los basurales cercanos. Nunca fue a un baile ni al cine,
no pasó de tercer grado primario y no tiene amigos.
En cambio, tuvo su primera relación sexual a los
11 años. Es retraído, si se pone nervioso
tartamudea, y si se enoja le aflora una insospechada violencia.
Se imagina dentro de muchos años viviendo igual y
en el mismo lugar en que nació.
Liliana Raquel Cáceres,
“Lili” (25) vive con Juan (21) su actual pareja,
y tres hijos de ella (Germán y Esteban, dos mellizos
de 8 años, y Gabriel, de 6 años) en un rancho
de madera y techo de chapa en la villa inflamable de Dock
Sud, que rodea al polo petroquímico. Otros cuatro
bebitos le nacieron muertos o fueron prematuros, porque
Liliana sufre una anorexia crónica al no alimentarse
bien (la última beba fallecida era hija de Juan).
Juan trabaja 14 horas diarias en un galpón de soda
cáustica en la Dársena Sur, en condiciones
de extrema explotación e insalubridad. Con los 25
pesos que él gana por día comen quince personas:
Liliana y sus tres hijos, la madre y el padrastro de Liliana
con sus cuatro hijos, y otros dos hermanos de Liliana y
sus respectivas familias, que viven en los tres ranchos
vecinos al de Liliana y Juan.
Liliana
hace dos años que no trabaja y se dedica a cuidar
de sus hijos y organizar la única comida diaria para
el numeroso grupo familiar. Comparte las horas con su madre,
Eva, su padrastro Alberto, o sus hermanos Jorge y Analía,
todos desocupados; y vive en el recuerdo de sus bebes muertos
y su padre fallecido hace dos años a causa del alcohol.
Juan, la pareja de Liliana, nació en Tucumán,
trabajó desde chico en el monte en la zafra, y tomó
mamadera hasta los trece años. Periódicamente
Liliana cura las llagas que le provoca la estiva de la soda
cáustica.
Eliseo Kurytow, “Ruso”
(19) vive con su padre Juan y su tío David, ambos
alcohólicos, en una casita de material a 200 metros
de la cancha de fútbol del club barrial Sportivo
Dock Sud. Eliseo trabaja en una peluquería, y ayuda
a su padre y a su tío pagando la comida y las cuentas
de la casa, y separándolos cada vez que se emborrachan
y pelean a golpes. A Eliseo también le gusta el alcohol,
y encuentra una identidad y un sentimiento de pertenencia
en el club de fútbol del barrio, junto con sus amigos
y vecinos Gastón y Puchi (carnicero y jugador de
fútbol respectivamente), quienes disfrutan pelear
con la policía, las hinchadas rivales y armar disturbios
en las discotecas.
Eliseo
cuida su pelo rubio muy largo, y tiene una mirada tierna.
Abandonó el primer año de la escuela secundaria,
y cuando está alcoholizado busca generar peleas entre
las barras rivales y escapar, mientras sus protectores (Gastón
y Puchi) se hacen cargo de la situación a los botellazos.
Eliseo soñaba de chico con tener un chalet, un jardín
con pileta y un auto. Ahora cree que ni siquiera podrá
mantener la humilde y deteriorada casita de material donde
siempre vivió. |