Blog sobre películas y el cine de arte
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Perdidos en tokio, una grandeza contemplativa… seres agobiados y melancólicos

El nuevo film de Sofía Coppola se presenta como una verdadera experiencia que puede trascender la pantalla.
“Perdidos en Tokio” es un mensaje tan natural que en la sutil elaboración esconde una grandeza contemplativa que puede ser interiorizado por todo aquel capaz de entender que en el mundo hay algo más de lo que vemos, similar a una luz emergente desde el interior, que es lo que nos mantiene vivos para orientarnos en un camino; pero, sin embargo, al toparnos con algunas situaciones (o… ¿por qué no personas banales o intrascendentes?) se nos puede olvidar su significación. Esto puede hacer surgir la sensación de sentirnos perdidos o extraviados en el medio de la inmensidad de un lugar, de la familia, o de la vida.
Casi como una metáfora, la película encuentra a dos personajes en medio de un país extraño, de idioma indescifrable, de costumbres casi extravagantes; acaso la mejor representación física y psíquica de lo que significa estar desorientado en un lugar (o en la vida) esté dado por los cambios horarios, y el insomnio que muchas veces ello trae aparejado.
Personajes que en esa sensación de extravío toman conciencia de lo que ahora son, y que los seres que los rodean son completos desconocidos. Sus propios mundos no les pertenecen -les son ajenos-, no por arrebatarlos de alguna manera, sino porque es lo más distante a la vida que pensaron.
Las distancias juegan un rol preponderante en el film. Ya sea tan lejos como está el maduro Bill Murray de su familia, con la que mantiene grotescas situaciones a través de los medios en los que se comunican. Por correspondencia, es capaz de recibir -de parte de su esposa- un catálogo de alfombras con las muestras para decorar la sala de su hogar.
También hallamos a la joven Scarlet Johansson, recién casada con un fotógrafo al que acompaña en la gira con una banda de rock. La joven, recientemente graduada en la universidad, salió al mundo real -fuera de ese campus teórico- para encontrarse a la deriva en él. Pasa sus días en silencio, sin ver a su marido; pero no es la distancia lo que la afecta sino los breves instantes en los que éste pasa por el hotel a recoger sus cosas. El parece haber mutado en un ser adoctrinado por la moda y el glamour, al que la joven desconoce.
Nuestros personajes están lejos de sus familias y sus rutinas cotidianas, lo que les permite ver -desde esas precisas distancias- el verdadero significado de las cosas que los rodean.
Sofía Coppola elabora un film en el que se dispone a tratar cómo dos personas se encuentran de paso por la vida, algo agobiados y melancólicos; esto es lo que les provoca una lacónica agonía. Desde ese punto, y hermanados en el sentimiento provocado por el encuentro, cada uno será para el otro el punto de partida de una significativa liberación que los llevará a conciliarse consigo mismos. Para ella, el principio de un camino más claro y más sincero con su persona. Para él, el reencuentro de un camino que puede ahora ver con claridad.

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La aldea… juguemos en el bosque

The Village” es la última realización de M. Night Shyamalan (“Sexto Sentido”/Sixth Sense, “El Protegido”/The Unbreakable y “Señales”/Signs), de la que es director y guionista, a la vez.
En principio, Shyamalan debió cambiar el título de su film (el original era “The Woods”) debido a la existencia de otro video porno, que podría llegar a confundir los tantos: una película de horror psicológico, protagonizada por Bruce Campbell y dirigida por el ignoto Lucky McKee, y que se encontraría en una eterna etapa de postergación.
La historia de “The Village” se sitúa en la pequeña comunidad de Covington, en una Pensilvania rural y bastante atemporal, que vive atemorizada por la presencia de una raza de míticas criaturas que habitan los bosques circundantes. Lo más interesante es que los habitantes de la villa mantienen una suerte de tácito pacto de convivencia con estos seres: no entrar en los bosques implica que las criaturas no pisen la villa ni entren en la ciudad.
Sin embargo, el conflicto se desata cuando el joven Lucius Hunt (un tímido aunque valiente Joaquim Phoenix) infringe la regla base, despertando -así- los deseos de exploración de la villa entera por parte de estos misteriosos seres.
El film se halla atravesado por el constante temor que sienten los aldeanos, y donde la fuerza del presentimiento, más allá del desconcierto de lo fáctico, es tan agobiante que nadie se atreve a aventurarse más allá de los límites del villorrio; excepto por Lucius, cuyo audaz movimiento amenaza con cambiar el futuro de aquél, por siempre.
Sin embargo, la premisa inicial de este thriller sobrenatural (la puesta de los límites de lo desconocido, reforzada por claros “momentos metonímicos” que resultan ser tan caros a Shyamalan) dará paso a un planteo netamente dramático: así lo sostienen el detonante y los puntos de giro del film; planteo que tiene que ver con la frontera entre la oscuridad y la claridad, con cierto tipo de modalidad falansterial, y hasta con una meta-meditación acerca de la histórica praxis americana.
Por otra parte, uno de los beats más importantes de la cinta -en el segundo acto de la misma- estará dado por la anagnórisis (o “el reconocimiento”) típicamente trágica, esta vez, a cargo de Ivy.
Así, la subtrama principal de “The Village” está dada por el romance entre Kitty, la hija del líder del pueblito (una joven y notable revelación: Bryce Dallas Howard, hija del director Ron Howard ) y Lucius, quien cuestiona la política de mantener a los ciudadanos de Covington completamente confinados con xxx mexico.
El film se rodó en locaciones de Filadelfia y en la cercana Chester Country. Y el elenco del mismo se completa con William Hunt -padre de Kitty-, el melancólico Adrien Brody (“El Pianista”/The Pianist, “Mi último suicidio”/The last time I committed suicide) -abocado a posicionarse entre los espléndidos Mr. Freak del mundo del cine-, Michael Pitt -el clon dicaprionado de “Los soñadores”/”The Dreamers”- y la esbelta Sigourney Weaver (“Alien”), quien interpreta a Alice Hunt, la madre viuda de Lucius, una mujer que pertenece a un grupo -dentro de la misma remota villa- llamado “The Elders”, quien dirige las cosas muy democráticamente.
A propósito, la Weaver juró haber tenido pesadillas durante dos semanas … con sólo leer el guión (¡bienaventurado marketing!).
Night Shyamalan es un realizador con virtudes insólitas, chocantes y severamente cuestionadas por sectores de la crítica y el público en general. Pero es imposible resistir la tentación por ver y discutir -apasionadamente- acerca de los films de este director, que no puede con su genio de divo, reservándose siempre para sí algún cameo.
Así, “La Aldea”, nos devolverá -literalmente, esta vez- su imagen.